Con trazos, melodías, danza y poesía también se combate la represión



En medio del humo de las bombas lacrimógenas, las notas de un violín acompañan a los manifestantes opositores en Chacaíto. Otro día, un grupo de jóvenes sorprende a los visitantes del centro comercial Sambil al entonar “La canción del pueblo”, uno de los temas principales del musical Los miserables que habla sobre la lucha de la sociedad en busca de la libertad. Los martes en la Sala Cabrujas se reúnen artistas para presentar una acción como forma de protesta. Y desde México, Camila de la Fuente comparte en redes sociales cortos animados inspirados en lo que sucede en Venezuela.

Todas estas son iniciativas de jóvenes que han encontrado una manera pacífica de protestar. No se enfrentan a guardias nacionales, perdigones ni bombas lacrimógenas. No necesitan llevar consigo bicarbonato ni escudos caseros. Sus armas son instrumentos musicales, libros, cámaras, pinturas y diálogos.

Colgada de un poste del distribuidor Altamira fue descendiendo en una lira Marilú García durante el Gran Plantón del 24 de abril mientras los manifestantes cantaban el tema “Venezuela”. Su imagen se viralizó en las redes, pero ahora dice que tiene miedo por su seguridad y que fue vetada de espacios culturales que pertenecen al Estado.

“Sigo trabajando en función de la protesta artística en actividades distintas a marchas y plantones. Mucha gente se sintió ofendida por el hecho de haber realizado una performance en ese plantón”.

Vestida con los colores de la bandera, la acróbata se fue despojando de bombas lacrimógenas y una máscara antigás para dar un mensaje de libertad y esperanza en medio de la crisis que vive el país.

A partir del concepto de resiliencia, Ricardo Arispe le ha dado un uso particular a la máscara antigás. Ha realizado una serie de más de 60 retratos que muestra en Instagram (@rarispe), en la que empresarios, artistas, estudiantes y periodistas aparecen utilizándola. Su trabajo está hecho como reconocimiento a las personas que, a pesar de la adversidad, hacen aportes al país. La actriz Amanda Gutiérrez, la comediante Alejandra Otero y el cineasta Marcel Rasquin forman parte de la serie.

Las redes sociales han desempeñado un papel importante como medio de difusión de varios proyectos. “Si una imagen dice más que mil palabras, un video dice un millón”, dice la venezolana Camila de la Fuente, quien desde México comparte por Instagram (@camdelafu) sus caricaturas animadas con contenido político.

“Mi objetivo es hacer una traducción de lo que está pasando en mi país. Me gusta que mis caricaturas las entienda un chino, un ruso y un argentino, por eso las hago sin palabras”, expresa De la Fuente. La distancia le da otro punto de vista. Confiesa que estar lejos le permite procesar la información para crear desde la razón y no desde la reacción por instinto.

En la autopista Francisco Fajardo, usando pintura y tiza, la artista conocida como Federica también quiso dejar su mensaje el lunes pasado. La joven de 21 años de edad dibujó una guacamaya de más de dos metros de largo acompañada de la frase: “Yo propongo el arte y ellos las balas”.

“Para mí la guacamaya es un símbolo con el que muchos venezolanos se identifican. Aquí en Caracas las vemos a diario y nos dan dos segundos de paz”.

Federica también asistió a la caminata de los artistas con su block de dibujo y un lápiz para retratar a algunas personalidades que se encontraban en la plaza Alfredo Sadel.

En Barquisimeto, un grupo de artistas plásticos difunde a través del diseño su mensaje de paz. Solardo Zafra, junto con el colectivo Ink.Surgent, creó un logo con la frase “Paz x Venezuela”, que estampan en franelas durante las manifestaciones. El 22 de abril, en una protesta cerca de la catedral de la ciudad, pintaron en el suelo una cruz que incluye el arte para rendir homenaje a los caídos.

Desde las tablas. Aproximadamente setecientas personas asistieron al Trasnocho Cultural el 23 de abril a la actividad convocada a través de Twitter por el Grupo Actoral 80 y el Teatro Trasnocho. Ese día se presentaron con entrada libre La granada, Terror y Chamaco, tres obras cuyo contenido se relaciona con la crisis que atraviesa el país.

“En momentos complejos los espacios de encuentro cultural son esenciales y sanadores. Hay que procurar mantenerlos abiertos y fomentar otras iniciativas”, señala Héctor Manrique, director del GA80.

En ese sentido, hoy, a las 11:00 am, la agrupación realizará una experiencia similar en el Centro Cultural Chacao con la presentación de Fresa y chocolate.

Pero estas no son las únicas formas en las que el teatro protesta. Todos los martes, el grupo Colectivo Desarmado –integrado por Jennifer Gásperi, José España y Willy McKey– presenta el ciclo Peces del Güaire. Esta iniciativa surgió en respuesta de la etiqueta #AlGuaireLoQueEsDelGuaire, que usó el Ministerio de Cultura en Twitter luego de que algunos manifestantes se tuvieron que lanzar al río para escapar de la brutal represión de la GNB.

Gásperi pretende que estas sesiones se conviertan en una acción estable. En los encuentros, que se realizan en la Sala Cabrujas de Los Palos Grandes, se presentan propuestas de música, teatro y lectura relacionadas con la situación del país.

Cantos de esperanza. Durante la marcha del 6 de mayo un grupo de mujeres armadas solo con delantales entonaba una melodía familiar: “Dale duro a ese pilón, io, io”. Pero su versión era un lamento de madres que lloraban por los asesinatos que cometen los cuerpos de seguridad del Estado.

“El pilón ha sido mágico y sanador”, cuenta Claudia Rodríguez, integrante del grupo de madres que repartió volantes con la letra para que los demás manifestantes se unieran a su lamento.

Otra iniciativa fue la de la agrupación Canta el Pueblo, que interpretó de manera sorpresiva en la feria del Sambil “La canción del pueblo”, tema del musical Los miserables. “Una ventaja de nuestra protesta es que al ser pacífica puede atraer más seguidores. La gente pierde el miedo porque no se enfrenta a una tanqueta”, asegura uno de los integrantes del grupo que pidió el anonimato.

El que sí se enfrenta a los vehículos que emplean los militares para reprimir es Wuilly Arteaga, el músico que en medio de los gases lacrimógenos toca su violín: “Mi intención es conciliar. Yo toco para los muchachos que protestan y para los guardias”.


Fuente: el-nacional.com

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